EL MUNDO DEL DESEO
Max Heindel
Como el Mundo Físico y cualquier otro reino de la Naturaleza, el Mundo del
deseo tiene siete subdivisiones denominadas "regiones" ; pero no tiene, como
el Mundo Físico, las grandes divisiones correspondientes a las Regiones
Química y Etérica. La materia pasional o de deseos es la que persiste a
través de siete subdivisiones o regiones como material para la
"incorporación" o para formar el cuerpo del deseo. Sí como la Región Química
es el reino de la forma, así como la Región Etérica es el dominio de las
fuerzas que producen las actividades de la vida y de las formas, permitiendo
a estas vivir, moverse y propagarse, así también las fuerzas del Mundo del
Deseo, trabajando activamente en el cuerpo denso, lo impelen a moverse en
tal o cual dirección.
Si existiesen solamente las actividades de las Regiones Química y Etérica
del Mundo Físico, habría formas vivientes, capaces de moverse, pero sin
incentivo alguno para hacerlo. Este incentivo lo proporcionan las fuerzas
cósmicas activas en el Mundo del Deseo, y sin esta actividad que obra en
todas las fibras del cuerpo vitalizado, impulsando a la acción en tal o cual
dirección, no habría experiencia ni crecimiento moral. Las funciones de las
diversas clases de éteres impulsarían el crecimiento de la forma, pero no
habría tal crecimiento anímico. La evolución sería un imposible, tanto para
la vida como para la forma, porque estas últimas solo evolucionan hacia
grados superiores, respondiendo a las sucesivas exigencias del crecimiento
espiritual. Vemos, pues, la gran importancia de este reino de la Naturaleza.
Deseos, anhelos, pasiones y sentimientos se expresan en la materia del las
diferentes regiones del Mundo del Deseo, como las formas en la Región
Química del Mundo Físico. Aquellos toman formas compuestas de material
emocional, que duran más o menos tiempo, de acuerdo con la intensidad del
deseo, aspiración o sentimiento que encierran. En el Mundo del Deseo, la
distinción entre fuerza y materia no es tan fácil como en el Mundo Físico.
Puede decirse que en el primero las ideas de fuerza y materia son idénticas
e inmutables. No es así en absoluto ciertamente, pero podemos afirmar que,
en cierto grado, el Mundo del Deseo se compone de fuerza - materia. Cuando
hablamos de la materia del Mundo del Deseo, si bien es cierto que es un
grado menos densa que la del Mundo Físico, no debemos imaginarnos
absolutamente, por eso, que esa materia sea materia física sutilidad. Este
concepto, sostenido por algunos que han estudiado las filosofías ocultistas,
es completamente erróneo. Y esto es debido a la gran dificultad que existe
para dar una descripción completa y clara que permita una comprensión fácil
de los mundos superiores. Desgraciadamente, nuestro idioma se ha hecho para
describir cosas materiales y, por lo tanto, es completamente inadecuado para
describir las condiciones de los reinos suprafísicos y, por consiguiente,
todo lo que se dice sobre esos reinos debe tomarse como símiles, más bien
que como descripciones exactas.
Aunque la montaña y la margarita, el hombre, el caballo y el hierro están
compuestos de una substancia atómica última, no por eso podemos decir que la
margarita sea una forma o clase de hierro más fina o sutil. Similarmente, es
imposible explicar con palabras el cambio o diferencia que sufre la materia
física cuando se convierte en materia emotiva o de deseos. Si no hubiera
diferencias, las leyes del Mundo Físico obrarían en aquella, lo que no
sucede.
La ley que rige la materia de la Región Química es la inercia, la tendencia
a permanecer en statu quo . Se necesita cierta suma de energía para vencer
esa inercia, para hacer que un cuerpo que está en reposo se mueva o para
detener a uno que está en movimiento. No sucede así, si embargo, con la
materia que compone el Mundo del Deseo. Esa materia, en si misma, es casi
viviente, está en un movimiento incesante, fluídico que puede tomar todas
las formas imaginables e inimaginables con inconcebible facilidad y rapidez,
brillando al mismo tiempo con millares de cambiantes colores, no comparables
a nada de lo que conocemos en este Mundo Físico. Las irradiaciones
iridiscentes y policromas de una concha de nácar en movimiento, sobre la que
cayera la luz del sol, daría quizá una idea levísima de aquella.
El Mundo del deseo es luz y color siempre cambiantes, en el que las fuerzas
animales y espirituales se entremezclan con las fuerzas de innumerables
jerarquías de seres espirituales, que no aparecen en nuestro Mundo Físico,
pero que son tan activos en el Mundo del Deseo como lo somos nosotros aquí.
De algunos de ellos hablaremos más adelante, así como de su relación con la
evolución del hombre.
Las fuerzas emitidas por esta variada y vasta hueste de seres, moldea la
materia cambiante del Mundo del Deseo en formas innumerables y diferentes de
mayor o menor durabilidad, de acuerdo con la fuerza o impulso que les dio
nacimiento.
De esta ligera descripción puede deducirse cuan difícil no ha de ser para el
neófito que acaba de abrir sus ojos internos al encontrar su equilibrio en
el Mundo del Deseo. El verdadero clarividente deja bien pronto de prestar
atención a las descripciones imposibles dadas por los mediums. Podrán ser
estos perfectamente sinceros, pero ante las dificultades de conseguir un
foco perfecto de visión, lo maravilloso sería que esos mediums pudieran dar
alguna descripción correcta. Todos nosotros tenemos que aprender a ver en
nuestra infancia, como podemos comprobarlo observando un niño. Se verá que a
este le parece tan lejano un objeto situado en la habitación , como si
estuviera en la calle o en la Luna. Es completamente incapaz de apreciar la
distancia. El ciego que recupera su vista cierra a menudo los ojos para ir
de un lado a otro, antes de que se haya acostumbrado, declarando que le es
más fácil guiarse por el tacto que por la vista. De la misma manera, el que
ha vivificado sus órganos internos de percepción debe ejercitarse para usar
debidamente las nuevas facultades. Al principio , el neófito tratará de
aplicar al Mundo del Deseo los conocimientos derivados de su experiencia en
el Mundo Físico, pues que aún no ha aprendido las leyes del mundo en el que
está penetrando. Y esto se hace una fuente de un gran número de turbaciones
y perplejidades. Antes de que pueda aprender debe volverse como un niño
pequeño, el cual asimila el conocimiento sin referencia a ninguna
experiencia previa.
Para arribar a una compresión exacta del Mundo del Deseo, es necesario
comprender que ése es el Mundo de los Sentimientos, Deseos y Emociones, los
que se encuentran dominados por dos grandes leyes o fuerzas: Atracción y
Repulsión, que actúan de diferente manera en las tres regiones más densas
del Mundo del Deseo que en las tres superiores, siendo la región central la
que podríamos llamar neutral.
Esta región central es la región del sentimiento o percepción. Aquí, el
interés o la indiferencia por un objeto o idea produce el desequilibrio en
favor de una u otra de las fuerzas ya mencionadas, ligando así el objeto o
idea a una de las tres regiones superiores o inferiores del Mundo del Deseo,
o expeliéndola de él. Ahora veremos como se verifica ese proceso.
En la substancia más fina y sutil de las tres regiones superiores del Mundo
del Deseo, La fuerza de Atracción es la sola que allí obra; pero se halla
también presente en cierto grado en la materia más densa de las regiones
inferiores, actuando entonces contra la de Repulsión, que es la fuerza
dominante en ellas. La fuerza desintegrante de repulsión destruiría
cualquier cosa que entrase en esas tres regiones inferiores, si la otra no
la equilibrase un tanto. En la más densa y baja Región, donde ella es más
poderosa, esa fuerza de Repulsión agita y quebranta violentamente las formas
construidas allí, si bien no es, por así decirlo, una fuerza vandálica, por
que nada hay en la Naturaleza que lo sea. Todo lo que parece que es así,
está trabajando para el bien. Y así también sucede con esa fuerza y su obra
en la región más baja del Mundo del Deseo. Las formas que se encuentran en
ella son creaciones demoníacas, construidas por las más brutales pasiones y
deseos del hombre y de las bestias.
La tendencia de todas las formas del Mundo del Deseo es atraer hacia sí a
todas las que son de naturaleza semejante, para crecer por consiguiente. Si
esta tendencia atractiva fuera la que predominara en las regiones inferiores
, el Mal crecería como la espuma y la anarquía predominaría en el Cosmos en
vez del orden. Esto se evita por la fuerza de Repulsión, predominante en esa
región. Cuando la forma creada por un deseo brutal es atraida por otra de la
misma naturaleza, como hay inarmonia en sus respectivas vibraciones, cada
una tiene un efecto desintegrante sobre la otra. Y así. En vez de
amalgamarse el mal con el mal, se destruyen mutuamente y de esta manera el
Mal se conserva en el mundo dentro de límites razonables. Cuando
comprendemos el efecto de estas dos fuerzas en su acción, comprendemos
también la máxima oculta que dice : "una mentira es a la vez asesino y
suicida en el Mundo del Deseo".
Todo cuanto sucede en el Mundo Físico se refleja en todos los otros reinos
de la Naturaleza y, como hemos visto, crea una forma apropiada en el Mundo
del Deseo. Cuando se hace un relato exacto de un suceso, se produce otra
forma (en el Mundo del Deseo) exactamente igual a la primera. Entonces una
atrae a la otra, se juntan y se fortifican mutuamente. Sin embargo, si se da
una versión distinta o falsa, se produce una forma diferente antagónica de
la primera o verdadera. Como se relacionan con el mismo asunto, se unen;
pero, como sus vibraciones son diferentes, obran la una sobre la otra con
mutuo impulso destructivo. Por lo tanto el mal y las mentiras maliciosas
pueden destruir lo que es bueno si son aquellas bastante fuertes y repetidas
a menudo. Pero recíprocamente: tratando de buscar en el mal, el bien, con el
tiempo lo malo se transmutará en bueno. Si la forma que se construye para
disminuir el mal es débil, no tendrá efecto alguno, y será destruido por la
forma maligna; pero si es fuerte y se repite frecuentemente, su acción
destruirá el mal y lo substituirá por el bien. Este resultado, si se
comprende bien, no se produce luchando contra el mal negándolo, o mintiendo,
sino buscando el bien. El ocultista científico practica rápidamente el
principio de buscar el bien en todas las cosas, porque sabe la fuerza que
este principio tiene para anular el mal.
Se cuenta algo de Cristo que ilustra este punto. Una vez, paseando con sus
discípulos, pasaron junto al cadáver de un perro en putrefacción. Los
discípulos se volvieron con disgusto, comentando el nauseabundo espectáculo,
pero Cristo miró el cadáver y dijo: "Las perlas no son tan blancas como sus
dientes" . El quiso buscar lo bueno en aquello, porque el sabía el
beneficioso efecto que eso produciría en el Mundo del Deseo al darle
expresión.
La Región más baja del Mundo del Deseo se llama la "Región de la Pasión y
del Deseo Sensual". La segunda se denomina "Región de la Impresionabilidad".
Aquí el efecto de las fuerzas gemelas de Atracción y Repulsión está a veces
equilibrado. Esta es una región neutral y, por lo tanto, todas nuestras
impresiones formadas por materia de esa Región son neutrales. Unicamente
cuando los dos sentimientos mellizos que encontraremos en la cuarta región
se ponen en juego, aquellas fuerzas gemelas comienzan a obrar. La simple
impresión o percepción de algo, es en sí mismo completamente independiente y
separada del sentimiento que engendra. Las impresiones son neutrales y son
una actividad de la segunda Región del Mundo del Deseo, en la que se forman
las imágenes mentales por medio de las fuerzas de los sentidos perceptores
del cuerpo vital del hombre.
En la tercera Región del Mundo del Deseo, la fuerza de Atracción, integrante
y constructora, sobrepasa a la fuerza de repulsión con su tendencia
destructiva. Si comprendemos que la esencia de esta fuerza de Repulsión es
la auto aserción, el repeler o arroja r afuera a los demás para acomodarse,
comprenderemos fácilmente que abre el camino a los deseos para otras cosas,
así que la substancia de la tercera Región del Mundo del Deseo está
especialmente dominada por la fuerza de Atracción hacia otras cosas, pero de
una manera egoísta, y, por lo tanto, es la Región de los Deseos.
La Región de los Deseos groseros puede compararse a los sólidos en el Mundo
Físico; la Región de la Impresionabilidad a los fluidos y la Región
fluctuante y de naturaleza evanescente de los Deseos puede compararse con la
porción gaseosa del Mundo Físico. Estas tres regiones suministran la
substancia para las formas destinadas para la experiencia, el crecimiento
anímico y la evolución , eliminando, además, las destructivas y reteniendo
los materiales que pueden emplearse para el progreso.
La cuarta Región del Mundo del Deseo es la "Región del Sentimiento". De él
surgen los sentimientos concernientes a las formas ya descritas; y de los
sentimientos engendrados por ellas depende la vida que tengan para nosotros
y también el efecto que sobre nosotros ejercerán. El que los objetos o ideas
sean buenos o malos no tiene importancia en este estado. Es nuestro
sentimiento de Interés o Indiferencia el factor determinante del destino de
tal objeto o idea.
Si el sentimiento que nos produce la impresión de un objeto o de una idea es
de interés, tiene el mismo efecto sobre esa impresión que la luz solar sobre
la planta. Esa idea crecerá y florecerá en nuestras vidas. Si por otro lado,
el sentimiento producido por una percepción es de Indiferencia, se
marchitará como una planta puesta en un sótano obscuro.
Así que desde esta Región Central del Mundo del Deseo viene el incentivo
para la acción o la decisión para refrenarla, porque esto último es también
una acción a los ojos del ocultista, y en el presente estado de nuestro
desarrollo los dos sentimientos gemelos, Interés e Indiferencia, suministran
el incentivo para la acción y son los resortes que mueven al mundo. En un
estado ulterior de desarrollo, esos sentimientos cesarán de existir.
Entonces, el factor determinante de la acción será el deber.
El Interés provoca las fuerzas de Atracción o Repulsión. La Indiferencia
simplemente marchita el objeto o idea contra el cual se dirige, por lo menos
en lo que concierne a nuestra relación con ellos.
Si nuestro interés por un objeto o por una idea genera Repulsión, nos hace,
naturalmente, eliminar de nuestras vidas toda conexión con tal objeto o idea
que provocó la repulsión. Pero existe una gran diferencia entre la acción de
la Fuerza de Repulsión y el simple sentimiento de Indiferencia. Quizás una
ilustración haga más clara la actuación de esos dos Sentimientos mellizos y
de esas dos fuerzas gemelas.
Supongamos tres hombre que van por un camino y se encuentran con un perro
enfermo, todo cubierto de llagas, sufriendo intensamente de dolor y sed.
Esto es, por supuesto, evidente para los tres hombres; sus sentidos se lo
dicen. Ahora viene el Sentimiento. Dos de dichos hombres se "interesan" por
el animal, pero en el tercero se produce un sentimiento de "Indiferencia".
Sigue de largo y abandona al perro a su destino. Los otros dos se detienen;
ambos están interesados pero de diferente manera. El interés del uno es de
simpatía y de socorro, impeliéndolo a ayudar al pobre animal, a calmar su
dolor y sanarlo. En él el sentimiento de interés ha despertado la fuerza de
Atracción. El otro hombre se interesa de distinta manera. No ve más que un
espectáculo repugnante que lo revuelve, y desea desembarazarse y
desembarazar al mundo de él lo más pronto posible. Aconseja matar al animal
y enterrarlo. En este, el interés genera la fuerza destructiva de Repulsión.
Cuando el sentimiento de interés despierta la fuerza de Atracción, y cuando
esta se dirige hacia objetos y deseos inferiores, éstos obran en las
regiones inferiores del Mundo del Deseo, donde las fuerzas reactivas de
Repulsión operan en la forma indicada. De la batalla que se entabla entre
ambas fuerzas gemelas - Atracción y Repulsión - resultan todos los
incidentes de dolor y sufrimiento del obrar erróneo y de los esfuerzos mal
dirigidos, intencionales o no.
Bien podemos ver, pues, cuan importante es el sentimiento que nos produce
cualquier cosa, porque de ello depende la naturaleza de la atmósfera que
creamos para nosotros mismos. Si amamos el bien resguardaremos y nutriremos,
cual ángeles custodios, todo lo que es bueno en torno nuestro; y si sucede
lo contrario poblaremos nuestro sendero con creaciones demoníacas creadas
por nosotros mismos.
Los nombres de las tres Regiones superiores del Mundo del Deseo son : la
"Región de la Vida Anímica" , la "Región de la Luz Anímica" y la "Región del
Poder Anímico". En estas regiones habitan el arte, el altruismo, la
filantropía y todas las actividades superiores de la vida del alma. Cuando
imaginamos estas Regiones como irradiando las cualidades indicadas por sus
nombres en las tres Regiones Inferiores, comprenderemos correctamente las
actividades superiores e inferiores. El Poder anímico , sin embargo, puede
emplearse durante algún tiempo con propósitos maléficos, así como puede
emplearse para el bien, pero eventualmente la fuerza de Repulsión destruye
el vicio y la fuerza de atracción edifica la virtud sobre sus desoladas
ruinas. Todas las cosas, como fin último, trabajan juntas para el bien.
Los mundos Físico y del Deseo, no están separados uno del otro por el
espacio. Están tan bien "unidos" como las manos y los pies. No es necesario
moverse para ir del uno al otro, ni para ir de una Región a la próxima. De
igual manera que los sólidos, líquidos y gases se encuentran juntos en
nuestros cuerpos, interpenetrándose unos a otros, así también están las
diferentes Regiones del Mundo del Deseo, dentro de nosotros mismos. Podemos
comparar nuevamente las líneas de fuerza que los cristales de hielo forman
en el agua, con las causas invisibles que se originan en el Mundo del Deseo
y que aparecen en el Mundo Físico y nos dan el incentivo para la acción, en
cualquier dirección que sea.
El Mundo del Deseo con sus habitantes innumerables compenetra el Mundo
Físico - como las lineas de fuerza del agua - , invisibles, pero presentes
por doquier y potentes como causas de todo lo del Mundo Físico.